Por: Gustavo García López
“Con una mochila al hombro y el corazón lleno de incertidumbre, miles de personas dejan atrás sus raíces, impulsadas por el anhelo de una vida mejor y el peso de una realidad que ya no pueden soportar”, así lo expresó Santos Arzú, migrante procedente de El Salvador, quien busca una vida mejor para su familia en México.
Este trabajo periodístico explora el recorrido de quienes cruzan fronteras físicas y emocionales, revelando las causas, los riesgos y las cicatrices invisibles que deja el viaje; ya que una de las principales dificultades que enfrentan los migrantes que viven en este país, es la añoranza de sus familias y lo que dejan en su tierra natal.
La migración es un fenómeno al que la humanidad se ha acostumbrado desde tiempos antiguos, pues siempre ha habido grupos que por una u otra razón abandonaron su lugar de residencia para fundar nuevos poblados o unirse a los ya existentes; las migraciones han sido a lo largo de la historia una poderosa fuente de diversidad cultural, racial y económica, lo cual ha fomentado el desarrollo a través del intercambio.
Sin embargo, la migración no siempre se da en un contexto estable, también son abundantes los casos de desplazados por conflictos bélicos, economía, catástrofes naturales, etc, que buscan asilo y nuevas oportunidades en otras latitudes, hasta volver a fundar un hogar en otro lado, o volver a su país de residencia.
Estas son las historias de dos migrantes procedentes de Honduras, quienes viajaron a México en busca de una vida mejor para ellos y su familia, en ellas cuentan las dificultades que enfrentaron a la hora de viajar y la añoranza de sus familias que dejaron en su país.
Santos Arzú
Es un migrante procedente de Honduras, que llegó a México a vivir hace cuatro meses, en busca de nuevas oportunidades para poder darle una mejor vida a su familia.
“Decidí salir de mi país para buscar una vida acá en México, y buscar más posibilidades para la familia, allá ya no nos da la canasta básica”, mencionó Santos.
De acuerdo con el Instituto Geográfico Nacional, una de las causas de la migración es la crisis económica, pobreza o hambruna. Cuando las condiciones de vida en un país o región se deterioran más allá de lo soportable, es común que las poblaciones humanas empiecen a migrar, buscando oportunidades en otros lugares.
“Mi vida en Honduras era la pesca, me la pasaba pescando para sobrevivir, entonces desde que subió la canasta básica y el producto bajó, ya no había como sostener a mi familia, y por eso mismo tomé la decisión de migrar”, añadió
Por su parte, el Psicólogo Juan Miguel Cruz comenta lo siguiente:
“Hay migrantes que buscan mejorar su calidad de vida, es decir, que los lleva a tomar esa decisión, pero hay otros que lo hacen por escapar de una situación. Entonces los motivos influyen demasiado, imaginemos a una persona que sale de su país por delincuencia, consumo de drogas, viene con una adicción, llega a una zona y está en condición de calle, la adicción es fuerte, puede que esté viviendo una crisis de ansiedad por separación, por el consumo que ha estado adquiriendo; entonces, en ese estado, esta persona va a tener cierto estatus emocional. Versus una persona que sale de su país, dejando a su familia, porque está incursado en mejorar la calidad de vida de los mismos, y va a Estados Unidos a tener este sistema monetario y él va a estar en una situación diferente a la otra persona, porque sus motivos van a ser diferentes, puede que el adicto busque saciar su adicción, mientras que el otro busque llegar a su objetivo.”
Cabe mencionar que, existen migraciones internas y externas, las internas son aquellas cuyo desplazamiento ocurre dentro de una misma región, estado o país. O sea, cuando el origen y el destino de los migrantes están en la misma región política o administrativa. Por ejemplo, la migración desde las zonas rurales hacia las urbanas en un mismo país o una región política diferente al de origen de los migrantes. Mientras que, las externas es el movimiento de personas fuera de su lugar de residencia habitual y a través de una frontera internacional hacía un país del que no son nacionales.
“Mi sueño era americano, pero como están duras las cosas, mejor decidí realizar mi vida acá en México, para ver si nos dan la oportunidad de estar aquí de manera legal y ver la posibilidad de buscar un trabajo digno”, comentó Santos.
De acuerdo con el artículo “Migrantes centroamericanos y la bestia”, publicado por Rodrigo Domínguez Villegas el 10 de septiembre del 2014; Cada año, hasta medio millón de inmigrantes centroamericanos se suben a trenes de carga conocidos coloquialmente como La Bestia, en su viaje a Estados Unidos.
Estos trenes, que recorren varias líneas, transportan productos hacia el norte para su exportación. Al no haber vagones de pasajeros, los migrantes deben viajar sobre los trenes en movimiento, enfrentándose a peligros físicos que van desde la amputación hasta la muerte en caso de caídas o empujones. Además de los peligros inherentes a los trenes, los migrantes centroamericanos son víctimas de extorsión y violencia por parte de las pandillas y grupos del crimen organizado que controlan las rutas hacia el norte.
Para algunos, La Bestia ha sido una de las pocas opciones para cruzar México. Los centroamericanos necesitan visa para viajar a México, y con funcionarios mexicanos patrullando las carreteras, las estaciones de autobuses y los aeropuertos, los trenes de carga se convirtieron en una ruta lógica para los migrantes sin visa. No hay trenes de pasajeros que atraviesen el país, por lo que los trenes de carga son uno de los pocos medios de transporte disponibles para cubrir la distancia hasta la frontera con Estados Unidos.
“Mi trayecto en la bestia fue bastante pesado, ya que yo y los demás que veníamos en el tren, primero viajamos de Honduras a Guatemala, caímos a Colosal, de ahí nos venimos en La Bestia hasta acá a México se podría decir, ahí sufriendo con la gente regalándonos comida, y también el miedo a caerme del tren en un descuido que tuviera”, explica Santos
Por su parte, Cristian Méndez
Es un migrante procedente de Honduras, que llegó a México junto con su hijo Carlos, de 6 años de edad, en busca de darle una mejor vida a su niño y poder tener oportunidades de trabajo para tener una vida estable.
“Lo que me motivó a salir de mi país fueron las ganas de poder superarme, porque allá en Honduras lastimosamente, la mayoría de fondos de trabajo ha bajado, y entonces las empresas se han salido de Honduras, no sé porque, pero eso fue lo que me motivó más bien a salir de mi país, para poder superarme y darle una mejor vida a mi niño”, mencionó Cristian
De acuerdo con el Psicólogo Juan Miguel Cruz
“La motivación, que te impulsa a salir tiene que ver con mejorar la condición de vida, sobrevivir, subsistencia, etc. Eso es lo primero, y entonces como va a generar esa travesía, este impulso va hacerlo de manera satisfactoria o no satisfactoria porque a partir de estos conceptos se construye un proceso psíquico o un proceso mental en emociones o viceversa, situaciones que vienen del exterior que generan una emoción, y que posteriormente le genera pensamientos, tenemos tres procesos importantes entonces, la motivación, los pensamientos que se construyen de las emociones que subyacen en esta relación.”
Así lo señala Cristian
“También una situación que me motivó a tomar esta decisión fueron las pandillas, eso a mí me hizo que me viniera para acá, pues porque realmente allá no estamos muy seguros que digamos, porque no sé qué pasó con el gobierno que no pone un poquito de su parte, pero las pandillas fueron la principal causa por la que decidí migrar, porque si con un poquito que uno tenga uno puede vivir normal”
Según el Instituto Geográfico Nacional, algunas de las principales causas de la migración son las guerras y los conflictos armados, que convierten las ciudades y países en lugares inhabitables, obligando a sus habitantes a buscar refugio en zonas pacíficas o ajenas al conflicto. Además, los exilios y las persecuciones derivados de cambios de régimen político también son factores importantes; cuando las reglas de la sociedad cambian radicalmente, algunas personas o grupos se ven forzados a abandonar sus hogares y huir para salvar sus vidas, ya sea siendo expulsados del país o buscando escapar de la amenaza que enfrentan.
“Yo decidí migrar con mi niño porque no quería separarme de él, lo pude haber dejado con mi mamá, pero me iba a sentir con impotencia no tenerlo a mi lado, es como mi motivación, siempre lo cuido en todo momento”, expresó Cristian
El experto en Psicología, Juan Miguel Cruz, explica lo siguiente:
“La palabra sedentarismo es una situación también Psicológica en donde las personas desarrollan algo que se llama apego, y que no solo nace del sedentarismo, el apego nace de la relación con la persona, con el objeto. Un bebé al nacer lo primero que hace es tener un apego con el objeto amoroso que lo cuida, el objeto que lo alimento, lo cual es mamá. Por sobrevivencia, en este contexto viene el sedentarismo, porque este bebecito, pues claro todavía no tiene capacidad de movilidad, lo colocan en una zona de confort, en donde los papás, los cuidadores, lo tienen en la cuna, en la cama, lo tienen atendiendo, entonces él apego esta correlacionado con este fenómeno del sedentarismo y el niño empieza a generar esta fortaleza del apego a través de las personas y del espacio en donde está.”
“Fue muy difícil el viaje con mi niño, ya que tenía que correr atrás del tren con mi hijo en el lomo, agarrar el tren y asegurarme con una mano para no caerme, y con la otra mano sujetar bien a mi hijo. Hubo varias veces que estuve a punto de caer, recuerdo que me vine con cincuenta pesos, que son sesenta pesos aquí en México. Bueno, agarré el tren de Honduras hacia Guatemala, y ahí en Guatemala tuve que pedir ayuda monetaria para poder seguir avanzando. De ahí volví a tomar el tren que me llevó a Tenosique (Tabasco), de ahí otro tren a Salto de Agua (Chiapas), y de ahí agarré otro tren hacia Tierras Blancas (Veracruz). De Tierras blancas caminé hasta Orizaba (Veracruz), que fueron, digamos, setenta u ochenta kilómetros. Estuve una semana caminando, y de ahí, de Orizaba, agarré otro tren para acá, a México”, explico Cristian
Según información del Fondo de las Naciones Unidas para la infancia (Unicef), los niños y niñas migrantes corren el riesgo de sufrir hambre y frío en su trayecto, de padecer enfermedades, sin tener acceso a servicios de salud, de ser explotados por el crimen organizado y de ser detenidos, además de otros tipos de violencia y discriminación por parte de la población de los lugares que atraviesan. Todas estas situaciones tienen graves consecuencias para su salud mental y su bienestar.
“Yo hice todo lo posible por conseguir comida para mi hijo. No tenía recursos para decir un día comíamos, un día no y a veces solo conseguía para él. Pero lo importante era que él estuviera abrigado, que tuviera una tortilla con sal, para que no pasara hambre”, mencionó Cristian.
De acuerdo con el artículo “Los migrantes mutilados por La Bestia retoman el miedo”, escrito por Iñigo Herráiz; Los migrantes viajan en el techo del tren, sobre la carga o en los huecos entre vagones, la rama de un árbol, un túnel, un paso en falso o quedarse dormido pueden ser fatales. La mayoría de accidentes también suceden al subirse o bajarse del tren en movimiento, con el paso del tiempo han surgido además otros obstáculos. Los constantes retenes policiales y el control criminal de los trenes han hecho que ya no sea tan frecuente ver cientos de siluetas recortadas sobre las moles de acero.
“Durante el recorrido en el tren me tocó ver con mi hijo un accidente muy trágico que nos dejó muy impresionados, vimos como a un muchacho le pasó el tren por la mitad, veníamos en el tren hacia Tierras Blancas, recuerdo que el muchacho iba brincando de vagón en vagón, y nosotros le decíamos que tuviera cuidado porque con La Bestia no se juega, él no nos hizo caso y siguió brincando, hubo un momento en donde él volteo para atrás, y en un descuido se resbaló, cayendo en medio de las vías del tren, y lo partió en dos. Desde cero yo lo vi, desde que iba corriendo en el vagón; solo fue una distracción que tuvo y cayó abajo. Fue algo muy traumático, tanto para los que veníamos en el tren, como para mí y mi hijo, será una imagen que nunca podré olvidar”, expresó Cristian
Santos
Posteriormente a su llegada México, Santos llego a la Casa del Migrante, donde estuvo un par de meses, en este lugar lo apoyaron con alimento, vestimenta, y un techo donde dormir.
“Cuando llegue acá a México, los primeros días dormía en la calle, varias personas se me acercaron y me comentaron de la Casa del Migrante, me dieron la dirección en un papelito, la verdad ahorita ya no la recuerdo, y con ayuda de la gente pude llegar a ese lugar y la verdad es que les agradezco a las personas que se encuentran en ese lugar porque recibí un buen trato por parte de ellos”, mencionó Santos
De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), las casas de migrantes en México, operadas principalmente por organizaciones civiles y humanitarias, ofrecen una gama esencial de apoyo humanitario y servicios básicos para las personas migrantes.
En dichos albergues encuentran un alojamiento temporal, que proporciona un lugar seguro y digno para que los migrantes descansen durante su tránsito, generalmente por un período corto. Además, se ofrece alimentación, comidas calientes, y acceso a artículos básicos como duchas, ropa y kits de higiene personal, cubriendo así las necesidades inmediatas de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Estos recursos buscan aliviar las dificultades que enfrentan en su camino, brindándoles un espacio de dignidad y cuidado. De esta manera, se asegura que puedan continuar su viaje con mayor seguridad y bienestar.
Los albergues también ofrecen atención médica y psicológica, proporcionando servicios de salud básica, primeros auxilios y apoyo emocional, con la colaboración de organizaciones como médicos del mundo o médicos sin fronteras. Además, muchos se enfocan en la protección de grupos vulnerables, como mujeres con hijos, niños migrantes no acompañados y personas con discapacidades. Estos albergues buscan garantizar la seguridad y el bienestar de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, ofreciendo un entorno especializado y adecuado a sus necesidades. De esta manera, se busca mitigar los riesgos y dificultades que enfrentan durante su tránsito.
“A las 5 de la tarde era la hora de entrada, cuando llegaba me daban de comer, me bañaba y me dormía, y al otro día me levantaba a las 7 de la mañana, para desayunar y salir a las 8, yo me salía a las calles a pedir ayuda monetaria de las personas que pasaban en sus autos, gracias a Dios recibí mucho apoyo por parte de la gente mexicana, de lo que estoy agradecido con este país, aún recuerdo que un día yo me encontraba en la avenida y una señora se me acercó, me comentó que ella rentaba un cuarto, pero como sabía que no contaba con los recursos suficientes para pagarle, me daría chance de habitar el lugar, y que le pagara solo lo que yo pudiera, ya llevo dos meses viviendo en ese cuartito que se encuentra en Tultitlán, y lo que junto aquí en la calle me sirve para comprar alimentos, para que pueda comer y mandarle aunque sea unos cien o doscientos pesos a mi familia”, explica Santos
Santos tiene planeado conseguir un trabajo estable en México, para que pueda apoyar más a su familia que dejó en Honduras, su plan es trabajar diez años en este país, y de esa manera en el tiempo que estableció pueda volver a encontrase con su familia.
Con base en el artículo “Duelo migratorio, lo que nadie te conto al irte del país”, escrito por Iratxe López Fuentes; El duelo migratorio es el proceso emocional que se atraviesa cuando se deja un país, ya que no solo se deja lo geográfico, sino en lo simbólico, lo afectivo, lo cotidiano. Es un duelo sin ataúd, sin funeral, pero, con pérdida real, Porque cuando emigras, no solo dejas atrás una ciudad, dejas una lengua materna, un humor compartido, tus calles conocidas, tú cultura, etc.
Los migrantes a menudo experimentan una profunda nostalgia, un anhelo por regresar a su país y reunirse con sus seres queridos que quedaron atrás. Esta añoranza puede llevar a la idealización del país de origen, recordando solo los aspectos positivos y olvidando las dificultades que los llevaron a migrar.
Sin embargo, si no se gestiona adecuadamente, esta nostalgia puede tener un impacto emocional significativo, desencadenando problemas como depresión, ansiedad, estrés y crisis de identidad. En casos extremos, este malestar se manifiesta como el Síndrome de Ulises, un trastorno asociado al estrés crónico y múltiple que afecta a muchos migrantes, y que requiere atención especializada para evitar complicaciones mayores. El dolor emocional causado por la distancia y la adaptación a un nuevo entorno puede afectar profundamente el bienestar de los migrantes, lo que hace necesario un enfoque integral de apoyo.
El sentimiento de culpa es común entre los migrantes, quienes a menudo se sienten responsables por abandonar a sus familias o por no estar presentes en momentos importantes, lo que agrega una carga emocional a la distancia física. Esta separación no solo es geográfica, sino que también puede generar distanciamiento emocional, ya que las tensiones y los cambios en las relaciones familiares surgen debido a la comunicación a larga distancia y las realidades diferentes que experimentan ambas partes. La distancia, tanto física como emocional, afecta profundamente las dinámicas familiares.
“Yo me siento bastante mal, más que nada triste, por haber dejado a mi familia en mi país, pero lo hice principalmente por ellos, porque quiero darles una vida estable, hay ocasiones donde me siento solo por completo, con muchas ganas de llorar y es cuando yo les llamo por teléfono para platicar”, explicó Santos
Por lo anterior, el psicólogo Juan Miguel Cruz, menciona lo siguiente:
“Hay que entender el proceso. Al separarse de la familia, se rompen los lineamientos del apego. Hay gente que es autónoma, es una persona que en su familia desarrolló la capacidad de no depender tanto de ellos, ni emocional, ni económicamente. Un apego seguro no tendrá complicaciones adaptativas al lenguaje, a las normas sociales, a la cultura; va a tener buenas capacidades adaptativas; mientras, que la persona que no desarrolló este tipo de apego, sino un apego inseguro sí se le dificultará separarse de la esposa, de los hijos, papás, separarse de la casa, de su familia, y al llegar a otro contexto se le va a dificultar adaptarse a esta situación, y entonces el estado emocional sí va a estar inestable, estará afectado por estas acciones, en donde no se puede adaptar o le cuesta trabajo adaptarse”
Cristian Méndez
“Cuando llegué a México con mi hijo, buscamos directamente la Casa del Migrante, nos daban un apoyo que era por dos días, pero lo que más nos ha ayudado es la gente mexicana, los que andan caminando, comprando en los tianguis, porque nos regalan comida, ropa, a veces dinero, y en la Casa del Migrante si nos ayudaron, pero no es muy conveniente para nosotros, porque nos tratan un poquito feo.”, mencionó Cristian
De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) Las personas migrantes en las casas y centros de migrantes, que en muchos casos son estaciones de detención, pueden sufrir diversas formas de maltrato y violaciones a sus derechos humanos, que van desde abusos físicos y sexuales hasta condiciones de vida insalubres e inadecuadas.
Las agresiones físicas, como golpes y el uso de violencia desproporcionada por parte del personal, son una grave preocupación. Además, las mujeres, niñas y niños migrantes son particularmente vulnerables al abuso sexual, con casos documentados de violación y agresiones dentro de las instalaciones. A esto se suma la falta de higiene en dichos lugares, donde las condiciones son extremas, con suciedad y la inexistencia o acceso insuficiente a baños limpios y funcionales, lo que agrava aún más la situación.
“Yo pedía si me podía brindar productos de higiene, para podernos bañar o limpiar el lugar donde dormíamos, pero no nos hacían caso; también, en ocasiones no nos brindaban una cama donde dormir, entonces me dormía con mi niño en el piso, solo tendía un par de cobijas y con una más nos tapábamos del frío, y mejor tomé la decisión de salirme de ahí de la Casa del Migrante. Lo grande que es Dios, un día me encontraba en la calle pidiendo dinero y de la nada se me acercó una señora que se llama Rosa, y me dijo que tenía un cuarto en renta, y que como vio que venía con mi hijo que me daría la oportunidad de quedarme ahí, me comentó que el cuarto lo rentaba en mil seiscientos, pero que ella no me cobraría esa cantidad que solo le diera ochocientos pesos al mes, y que si no le completaba que no me preocupara que solo le diera lo que estuviera en mis posibilidades, ya llevo dos meses y medio viviendo en este hogar que se encuentra por el asta bandera en Tultitlán”, explico Cristian
Hoy en día Cristian tiene planeado quedarse en México, anteriormente su sueño era llegar a Estados Unidos, pero ahora ya cambió de decisión, ya que no quiere arriesgar a su hijo Carlos, ahora su objetivo es conseguir un trabajo aquí y poder darle una vida mejor a su niño y a la familia que dejo en su país
“Mi plan es, echarle muchas ganas acá en México, porque a Estados Unidos ya no quiero ir, sacar mis documentos, trabajar y ver qué puedo hacer en mi país, para que mi mamá esté tranquila, y ocasionalmente ir a mi país, ya que quiero volver para hacer las cosas que hacía allá como la pesca y bucear, y lo más importante poder estar nuevamente con mi mamá porque la extraño demasiado, y yo le prometí que trabajaría muy duro para darle una vida mejor a ella y mi hijo”, mencionó Cristian
De acuerdo con Juan Miguel Cruz, especialista en Psicología
“El duelo es un proceso singulizado, es que la persona asimile y se adapte a las nuevas condiciones, no es lo mismo el duelo de haber perdido a un familiar al duelo de dejar a la familia, porque cada uno tiene significantes, y claro cada uno lo va a expresar de manera importante en su estatus emocional, dependiendo el tipo de duelo.”
De esta manera se obtendrán respuestas variables, qué significa el objeto para la persona. Por ejemplo, el que se va y se queda por allá, y el que se va y deja a sus padres ya grandes se va con el pensamiento de si los volverá a ver, si no los ve y mueren en el transcurso o fallecen mientras la persona se encuentra laborando, pues psíquicamente los duelos son distintos.
De lo contrario, si se tiene un apego ansioso, claro que el duelo lo va a vivir desde que salga de su casa y este ya será un sufrimiento, hay una relación entre ansiedad y depresión, el mismo proceso de duelo tiene una etapa depresiva, aquí se puede desarrollar una patología clínica, en la que se necesita atención y en la parte evitativa se genera una sensibilidad.
Con base en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH)
Todos los migrantes tienen derecho a no ser discriminados por razones de nacionalidad, origen étnico género o estatus migratorio, y a ser tratados con dignidad. Además, tienen derecho a la vida, a la libertad, así como a no ser víctimas de tortura, esclavitud o detención arbitraria. También tienen derecho a trabajar en condiciones equitativas, seguras y sin discriminación, recibiendo un salario justo.
“Una vez unos policías nos amenazaron con mandarnos a nuestro país, recuerdo que estaba pidiendo dinero en la avenida con mi hijo, y los policías se acercaron a nosotros, nos dijeron que no podíamos estar ahí pidiendo dinero, yo le dije que ahí me iba a quedar que no me iba a ir, en eso el policía me arrestó a la fuerza, a mí y a mi hijo, nos subieron a la patrulla, en ese momento de coraje le grité que soltaran a mi niño que los iba a denunciar con Derechos Humanos porque eso está penado, no pueden arrestar a un menor de edad, aún recuerdo que eran cuatro policías, solo comenzaron a reírse y me empezaron a decir muchas groserías, lo peor fue que me quitaron el poquito dinero que ya había juntado, sentí mucha impotencia en ese momento primero por ver cómo arrestaban a mi hijo, y luego por el dinero que me quitaron, ese día nos trajeron dando vueltas en la patrulla y todo el recorrido nos iban diciendo groserías, yo no sabía a donde nos iban a llevar, mi hijo estaba muy espantado, iba llorando, y yo con las manos arrestadas sin poder abrazarlo, por un momento pensé que si nos iban a deportar, hasta que llegamos a un lugar baldío, nos bajaron de la patrulla nos quitaron lo que nos pusieron en las manos y nos aventaron al suelo y solo nos dijeron ahí se quedan negros, yo la verdad quería golpearlos en ese momento, pero ya no quise hacer más grande el problema, ahí nos dejaron varados en ese lugar baldío, esa es la única experiencia mala que he vivido aquí en México”, expresó Cristian
De acuerdo con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR)
La salud mental es la base para comenzar un proceso de inclusión, que permite reconstruir tu vida en un país nuevo. Sin embargo, lo más habitual después de haber vivido contextos de violencia, guerra o vulneración de derechos, tanto en el lugar de origen, como en el trayecto del viaje, es que el equilibrio emocional se vea afectado. Esto se le suma, las dificultades en el proceso de adaptación a un nuevo contexto, las heridas psicológicas son aún más visibles.
Por lo que tu mente y tu cuerpo aún están en su país, y necesitan tiempo para darse cuenta de que el peligro ha pasado. Aprender un idioma nuevo o una formación requiere también que la mente este más tranquila, por eso se necesita tiempo para recuperar el equilibrio.
“Yo lo que les puedo decir a las personas que están pensado en emigrar, que la verdad es bastante riesgoso, ya que muchos de nosotros que llegamos bien, y otros que a veces no llegan, algunos la bestia les corta el píe, la mano, se mueren, entonces que Dios los bendiga, y que logren su propósito llegar hasta acá”, mencionó Santos
Por su parte, Cristian comenta lo siguiente:
“Piensen un poquito antes de tomar una decisión, hay personas que les va bien, y hay personas que les va súper mal, no todos corremos con la misma suerte, gracias a Dios yo ya tengo un apoyo acá, también entiendo que hay personas que como yo están obligados a salir de su país, pero si están estables, no tomen esta decisión, porque es muy riesgoso”
Para muchos migrantes que viven en México, la añoranza no es simplemente un sentimiento pasajero, sino una presencia constante que los acompaña en cada paso. Es la memoria de la casa que dejan atrás, la voz de un hijo, el olor de la comida familiar o la celebración que jamás volvieron a compartir.
Pese a los desafíos de riesgo, de empleo y de seguridad, es ese peso emocional, el que más desgasta, porque no hay trámite, documento o frontera que pueda aliviar por completo la ausencia de quienes quedaron en su tierra.
La añoranza es la que impulsa a muchas personas a seguir adelante, a levantarse cada mañana para construir una nueva vida con la esperanza de que, algún día, puedan reencontrarse con sus familias. En las entrevistas realizadas para este reportaje, ambos coinciden en que recordar el hogar es doloroso, pero olvidar sería aún peor.
Al cerrar este recorrido por historias, rutas, anécdotas, queda claro que la migración no es solo un fenómeno geopolítico o económico, es una experiencia humana profundamente marcada por los riesgos que existen, y el amor que se deja atrás.